Al paso del tiempo, en la distancia y en la soledad que da el estar lejos...en medio de la historia, del pasado y de la promesa del futuro he encontrado tiempo para caminar largas noches, para fumar un cigarrillo y tomarme un buen vino. En este camino de la vida que recorro en tren comparto emociones que guarde en una cajita de cristal esperando su tiempo final...
El tiempo [1]
Es la hora de dormir, en la calle los faros de luz se han apagado, presagio de que todos están en casa tomando un descanso. Ella se acerca al teléfono y con el rostro desencajado se da cuenta de que hoy es otro de esos días sin noticias suyas, hoy como ayer y antier no hay mensajes que le den una pista del camino que recorre él.
Se sienta frente al televisor y pierde la mirada en el melodrama de moda, se pregunta una y otra vez que sucede, qué la ha convertido en lo que es ahora. Porque no está afuera embriagándose con sus besos y mordiéndole la piel, en qué momento se escapo entre sus dedos y se convirtieron en sombras de la sombra.
Saca los recuerdos del fondo de mente y piensa y le piensa, hace ya un año que todo comenzó y todo se acabo. Una coincidencia, un primer encuentro, un choque de miradas, un beso apasionado, una cama revuelta, una noche a su lado y eternas mañanas sin él.
Cuando estaban juntos respondían preguntas con sus cuerpos y su amor, ella siempre llena de dudas, ella siempre inquieta y desenvuelta; él siempre mirándole, siempre abrazándole. Así, el camino intrincado de la pasión los llevo rápidamente a amarse; días y noches hablaban, mañanas y tardes se buscaban, sólo en las noches se encontraban. Sin duda, eran una especie de gatos pardos que entre las sombras se disipaban.
El juego del amor los llevo a lugares extraños, lágrimas y risas…vino tinto y pasta, un perfume eterno y una mirada liviana. Juntos perdían el miedo, juntos veían al mundo con esa complicidad que no se explica, sólo se vive. Caminaban por el parque y sin temor se gritaban en silencio el amor, juntos con el mundo detrás de ellos le pisaban los talones al futuro y se encontraban en su pasado.
Esa tarde de primavera ella tomo el tren, sólo faltaban dos estaciones más y le encontraría. Pronto el sonido del tiempo la detuvo de golpe, nunca más llegaría a su destino, nunca más le vería entre sus brazos, nunca más le encontraría de nuevo. El retraso del tren duro menos de un segundo, pero fue suficiente para perderle entre la gente.
Las dudas la inundan, pero el camino es doloroso, no hay quien le ayude a disiparlas…cómo hablar del tiempo si el tiempo se ha perdido en los recuerdos, en dónde quedo la construcción del tiempo juntos, en dónde las nauseas que causa el amor, la petición eterna de las mariposas, la esperanza del tiempo a su lado…dónde?
Pasa un día más y le encuentra en su camino, su mirada ha cambiado, su presencia desprende el aroma de la desilusión y la desesperanza. Las horas pasan y sólo le mira de lejos, le recuerda y se da cuenta de que esa sombra ya no es más la suya, que él camina como antes de ella y como siempre, con la impuntualidad en sus ojos, con el desencanto en sus palabras, con el cigarrillo en la mano, con él tiempo a su lado.
Podrá encontrarle una vez más, podrá ser su presa nuevamente, le dejará algún día un mensaje de nuevo, llenará la caja de recuerdos y el tiempo de su tiempo…le sorprenderá de noche, le hablará alguna madrugada, le esperara?...no hay certeza, no hay camino, no hay promesas y no hay presencias…