Ayer dormí muy noche con la esperanza de ya no despertar el día de hoy, pero a pesar de mis esfuerzos abro los ojos y me enfrento a la realidad nuevamente. Un segundo es suficiente para que mi cabeza y mi corazón estallen con su recuerdo. Siento en ese mismo instante como mis poros se abren y el escapa desgarrando toda mi piel; como mis labios buscan y los suyos (¡sútil dulzura!) están ahí pegados en mi recuerdo; como mi cuerpo, inerte ahora, penetra eternamente su espíritu y su alma infinita. Otra vez el terrible dolor de su ausencia (más terrible ahora y para el resto de mis días)
Cierro los ojos y trato de volver en mi, pero sólo consigo ver su mirada. Temo perderme irremediablemente en los confines incandescentes de sus ojos, esa mirada felina al acecho de su presa que debe huir aterrada. En sus ojos observo el fin y el principio de todo lo posible, su belleza es absoluta y mi trance perpetuo...
Hace 8 meses.








